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Diputada al Parlamento Latinoamericano. Abogado, experto en Dcho Penal, Criminología y DDHH. Vicepresidente Nacional Un Nuevo Tiempo. Miembro de la Mesa de Unidad.

martes, agosto 09, 2005

Articulo publicado en el Diraio EL Universal, lunes 8 de agosto de 2005. Delsa Solorzano// Gobierno de Oropel

Gobierno de oropel / Delsa Solórzano

El país se cae a pedazos. Esto es literal: las vías se derrumban y queda incomunicado el país; los damnificados aumentan día a día, los “niños de la patria” ahora se llaman “pilluelos” y el Gobierno Nacional se declara “incompetente”.

Recientemente se abrió una fosa, un cráter en la autopista regional del centro, con una profundidad digna de la explosión de un meteorito. Con mucha sorpresa observamos que el ex - Ministro de Infraestructura, ahora flamante Gobernador del estado Miranda, Diosdado Cabello, simplemente hace la de Pilatos y elude la responsabilidad de un hecho tan grave como éste, atribuyéndola a la “administración anterior”. Y el ciudadano de a pie se pregunta ¿cuál será ésa? Porque este (des)gobierno ya va para 7 años en el coroto y, repito, Diosdado viene de ser Ministro de Infraestructura, es decir, nada más y nada menos que el responsable de la vialidad en este país. Y antes fue Vicepresidente de la República. La de Poncio Pilatos no puede hacerla.

Algo similar está ocurriendo con el viaducto Caracas-La Guaira. Además hay un hundimiento en la Carretera Panamericana. La vía a Oriente ya no sabe cómo clamar auxilio. Se está derrumbando Plan de Manzano. Y hay mucho más. Son ejemplos de los atroces problemas de vialidad que en este momento aquejan nuestro ya quebrantado país. Y pregunto: ¿dónde está la eficientísima gestión del Sr. Cabello como Ministro de Infraestructura?

La respuesta a todo esto la dio el ciudadano Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela: “Este es un Gobierno de incompetentes”. Entonces, ¿por qué siguen gobernando? Esa es una pregunta de difícil respuesta.

El Comandante Chávez, en su última alocución Presidencial, luego del regaño habitual al porfiao de turno, es decir, el Ministro Julio Montes, al cual nuevamente increpó porque “aquí no se construye nada” y “este Gobierno está raspao en vivienda”, nos soltó la siguiente perlita: Los “niños de la patria” (es decir, esos pobres muchachitos tripones que hacen malabares y venden flores en los semáforos de nuestro país, que en la IV llamaban “niños de la calle” y cuyo número ha aumentado de manera alarmante en los últimos 7 años) ya no se llaman así, ahora se llaman “pilluelos”, es decir, “pequeños delincuentes”.

El Comandante se refirió a estos niños de manera despectiva e insultante. Resulta que esos pobres niños, que no cuentan con la protección ni de sus padres, ni del Estado; esos niños que son víctimas de la ineficiencia gubernamental en educación sexual, en seguridad social y pare usted de contar, ahora son simplemente “pilluelos”. Hay que ser Chávez para expresarse así de esos indefensos niños, hay que no tener corazón, hay que ser descarado e ineficiente, hay que ser Chávez!

Lo más grave de todo esto es que mientras nuestro país se cae a pedazos, este Gobierno “brilla” en el exterior: la señal de Telesur, además de subversiva, sólo pretende ideologizar a los seguidores del régimen; se regala energía a Cuba; se compra deuda Argentina; se quiere operar de la vista a los peruanos; se hace negociados millonarios con Brasil y se vende a pedacitos nuestra ya fracturada industria petrolera. El Comandante se cree el Rey Midas. Pero es Midas que no convierte las cosas en oro, sino en oropel.

Miembro de Primero Justicia

Publicado en el Diario Notitarde el 7 de agosto de 2005

Delsa en estado de buena esperanza
Soledad Morillo Belloso (*)
Mi amiga Delsa Solórzano está embarazada. Su vientre crece con los días, con las horas, con los minutos. Los meses de espera le hacen bien a su alma y a su modo de querer. Delsa se volvió lo que nunca dejó de ser: una mujer como todas lo somos. Su cuerpo es hoy hospedaje de una vida que se asoma en un país con mucho incomprensible, y con mucho más aun adorable.
Veo a Delsa sumarse kilos, kilos de esperanza. Y pienso que su preñez no es sino una nota musical de un himno. La veo engordar y entrar en esa belleza tersa y suave que regala el estado de buena esperanza.
La veo y noto cómo camina distinto, cómo habla distinto, cómo ríe distinto, cómo sueña distinto. Ella no se percata. Quizás luchar por el país no le permite el tiempo necesario para pararse frente al espejo y mirar su cambio.
A sus 30 años, Delsa y muchas mujeres albergan vida. Están inventariando el futuro. A ellas hay que decirles lo que el gran poeta, nuestro inmenso Andrés Eloy cantó para su hijo, y que bien sirve para que Delsa y las muchas mujeres les canten a sus hijos:
"Quiero que me cultives, hijo mío,/ en tu modo de estar con el recuerdo,/ no para recordar lo que yo hice, sino para ir haciendo.
Que las cosas que hagas lleven todas/ tu estampa, tu manera y tu momento./ y cultiva mi amor con tu conducta/ y riega mi laurel con tus ejemplos.
Volviendo están los años más sucios de la historia,/ pero si sobrevives, será tu tiempo el tiempo/ de la bondad triunfante, de la justicia erguida.
Donde la voz alcance la libertad del sueño/ para entonces, quisiera que fueras bueno y grande,
que tu conciencia fuera, no de un hombre, de un pueblo,/ pero que tu grandeza fuera la cosa tuya/ y tu bondad la cosa tuya y de mi recuerdo.
Tú eres el hombre, hijo, de la hora esperada,/ pero, si haz de creerme, la bondad es lo cierto,/ y para poseerla, precisa ser valientes;/ La bondad es lo dulce del valor y el respeto./ Si alguien te pide su sabiduría,/ dásela, aunque se niegue en creer en tu credo;/ si alguien te pide un pedazo de pan,/ dáselo y no preguntes bajo qué tienda va a comerlo:
Si alguien te pide su amistad,/ dásela, aunque no piense como tu pensamiento;/ si alguien te pide agua,/ dásela y no preguntes si va a regar su huerto,/ si va a calmar su sed, si va a lavar sus manos,/ si va a ponerla en tierra para hacer un espejo./ Para el bueno, la idea tiene el ancho del mundo/ y un pan es del tamaño del hambre del hambriento.
Como si fueras de cristal,/ realízate por dentro,/ como si un mundo de miradas te estuviera mirando,/ como si el pueblo tuyo te tuviera de espejo/ para que se peinaran sus hijos/ la conciencia mirándote el corazón entero./ Ay la patria y sus niños!/ Mientras hablo hijo mío,/ quiero besar a un niño de mi pueblo,/ con el sol de mi tierra entre sus ojos/ y el amor de mi madre entre mi beso.
La verdad, sólo ella en tu conducta,/ tan sólo la verdad en tu cerebro,/ pero que al corazón le quede algo/ de las dulces mentiras que te enseño;/ que en el profundo bosque son verdades/ las fábulas del tigre y el conejo;/ que el mundo tiene un pájaro que habla,/ un agua de oro, el canto de un madero/ y un corazón que marcha, sin mirar hacia atrás, hasta llegar a ellos;/ que ha de volver, sobre el caballo flaco,/ con Sancho al lado, el hondo caballero;/ que el día es del trabajo y del amor la noche,/ que no hay casa sin pan, que el hombre es bueno,/ que el pez navega por lo azul del agua/ y el ave vuela por amor al viento".
Lo escribió Andrés Eloy, para todas las que están preñadas de esperanza. Y que me perdonen mis lectores, pero hoy, en este domingo de patria, había que referirse al futuro, y a la patria.

El silencio es el asesino de la democracia.
(*) Comunicador social y miembro de Primero Justicia.
E-mail: marsmorb857@cantv.net
http://www.notitarde.com/tangente/tangente13.html